Bolsonaro presidente: El fascismo conquista a Brasil

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El candidato ultraderechista Jair Bolsonaro ganó las elecciones en Brasil, en segunda vuelta. Con 56% de votos, el candidato reconocido por su postura radical, en temas como igualdad de derechos, trabajo femenino y políticas públicas, venció a su contrincante de izquierda, Fernando Haddad (44 % de votos), representante del Partido de los Trabajadores.

Bolsonaro llega a la presidencia de Brasil en un contexto político convulsionado por casos de corrupción, como Lava Jato y Odebrecht. Las condiciones de la investigación salpicaron a reconocidos representantes políticos como Lula da Silva, condenado a 12 años de prisión por recibir un apartamento, ofrecido por la constructora OAS, a cambio de facilitar contratos en Petrobras.

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Este contexto social puede ser uno de los responsables del rechazo ciudadano a los gobiernos que se jactaron por años del discurso de izquierda. Lo que se traduciría en una de las razones por las cuales Bolsonaro llega a la presidencia, a pesar de sus discursos homofóbicos, misóginos y racistas, en un país con una de las tasas de desigualdad más grande de latinoamérica, en el que los negros ganan de media un 29 % menos que los blancos y las mujeres de diferentes razas 27 % menos, de acuerdo con un estudio de Locomotiva. Este Brasil en el que 8,3 millones de personas negras y mestizas se encuentran desempleadas y donde el 50.7% de un total de 190,732,694 personas se identifican con en estas etnias.

Para comprender cómo el excapitán del Ejército no fue electo solo por los opositores de Lula, sino por estos ciudadanos desempleados y abusados que observaron el legado de corrupción que traspasó el discurso discurso de Lula hasta las pantallas de los brasileños. Para comprender esto es necesario recordar que el gigante latinoamericano es afamado por poseer problemas sociales que hoy por hoy, intensifican el nivel de desigualdad social entre ricos y pobres, blancos y negros, hombres y mujeres y en sí, todo aquel que represente una mayoría no convencional.

Comprender el triunfo de Bolsonaro es recordar que Brasil es uno de los países que más tarde abolió la esclavitud, el 13 de mayo de 1888, lo que implica que aquel imaginario en el que los otros carecen de derechos, puede continuar normalizado entre la población. Muestra de esto es que de acuerdo con estadísticas divulgadas por la ONU, siete de cada diez personas asesinadas en Brasil son negras y cerca de 23.000 jóvenes negros mueren violentamente cada año en el país, lo que equivale a uno a cada 23 minuto.

En conclusión, la situación brasileña es grave y se ha visto afectada, durante estas elecciones por un pasado que no se ha logrado corregir con los gobiernos, generando descontento pero aún más grave, provocando silencios ante un presidente que se describe así mismo como un nostálgico declarado del régimen militar (1964-1985), y quien afirma que “el error de la dictadura fue torturar y no matar”.

En contraste con sus diatribas, también abrió la puerta a retroceder en propuestas polémicas como la de retirarse del Acuerdo de París sobre el clima.

El mismo Bolsonaro que ganó popularidad por su campaña en redes sociales en la que prometía liberalizar el porte de armas para combatir la inseguridad.

Fuentes: El Universo, Noticias Caracol, El Nacional, La Vanguardia,

 

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